Los desgarros del manguito rotador pueden clasificarse en varios tipos según su gravedad y causa:
Traumatismo o lesión: Un movimiento repentino y brusco o una caída pueden desgarrar el manguito rotador.
Uso excesivo: Las actividades repetitivas por encima de la cabeza (por ejemplo, pintar, levantar objetos o nadar) pueden someter los tendones a tensión y provocar desgaste con el tiempo.
Degeneración relacionada con la edad: Los tendones se vuelven más débiles y delgados con la edad, lo que los hace más propensos a desgarrarse.
Mala irrigación sanguínea: El manguito rotador tiene áreas con un suministro de sangre limitado, lo que reduce su capacidad de cicatrización.
Espolones óseos: Pueden desarrollarse prominencias óseas en la parte inferior del acromion, que rozan los tendones del manguito rotador y pueden provocar desgarros. Esto probablemente forma parte de la progresión natural del proceso de la enfermedad que conduce a la bursitis.
Dolor: A menudo se describe como un dolor sordo y persistente en la parte superior o lateral del hombro. Puede empeorar por la noche, especialmente al acostarse sobre el lado afectado.
Debilidad: Dificultad para levantar el brazo, especialmente por encima del nivel del hombro, o para realizar actividades que impliquen rotación.
Rango de movimiento limitado: Movimiento restringido, especialmente al alcanzar objetos por encima de la cabeza o detrás de la espalda.
Sensación de crujido o chasquido: Una sensación de roce o un ruido al mover el hombro debido al daño de los tendones.
Dificultad para realizar actividades cotidianas: Problemas para realizar tareas habituales como peinarse, vestirse o levantar objetos.
Historia clínica del paciente: Evaluación de los síntomas, el inicio del dolor y cualquier lesión reciente o uso excesivo del hombro.
Examen físico: Evaluación del rango de movimiento y la fuerza, además de la realización de pruebas específicas (por ejemplo, la prueba del brazo caído, la prueba de la lata vacía, la prueba de despegue, la prueba de presión abdominal, la prueba del abrazo de oso y otras).
Radiografías: Aunque las radiografías no muestran los tejidos blandos, pueden ayudar a identificar espolones óseos u otros cambios en los huesos.
Ecografía: Es útil para visualizar los tendones y detectar desgarros.
Resonancia magnética (MRI): Proporciona imágenes detalladas de los tejidos blandos y permite determinar la extensión del desgarro, la retracción del tendón o la atrofia muscular.

Reposo: Evitar actividades que empeoren el dolor.
Fisioterapia: Ejercicios para mejorar la fuerza, flexibilidad y rango de movimiento del hombro.
Medicamentos: AINE, como el ibuprofeno, para aliviar el dolor y reducir la inflamación.
Inyecciones de esteroides: Inyecciones de corticosteroides en el hombro para reducir la inflamación y el dolor, especialmente en casos de desgarros parciales.
Reparación artroscópica: Cirugía mínimamente invasiva en la que se realizan pequeñas incisiones y se utiliza una cámara para volver a fijar el tendón desgarrado al hueso. Incluso los desgarros más grandes pueden tratarse actualmente mediante técnicas completamente artroscópicas.
Reparación abierta: Cirugía tradicional, generalmente utilizada para desgarros grandes o complejos, que requiere una incisión más amplia. Actualmente se realiza con poca frecuencia.
Reparación miniabierta: Combinación de técnicas artroscópicas y abiertas para desgarros de tamaño mediano o grande. Con las técnicas e instrumentos modernos, rara vez es necesaria.
Transferencia tendinosa: En los casos en que el manguito rotador no puede repararse, se puede utilizar otro tendón para restaurar la función. Por lo general, este procedimiento requiere una incisión abierta.
Artroplastia reversa de hombro: Los desgarros grandes y de larga evolución del manguito rotador pueden provocar un tipo de artritis denominado “artropatía por desgarro del manguito rotador”. En estos casos, el manguito rotador ya no puede repararse ni funcionar adecuadamente, y un reemplazo reverso de hombro permite restaurar la función de la articulación sin necesidad de un manguito rotador.
Fase 1 (Inmovilización): Se utiliza un cabestrillo durante varias semanas después de la cirugía para proteger la reparación.
Fase 2 (Movimiento temprano): Ejercicios suaves de rango de movimiento pasivo.
Fase 3 (Fortalecimiento): Fortalecimiento gradual del manguito rotador y de los músculos del hombro.
Fase 4 (Entrenamiento funcional): Regreso a las actividades normales, los deportes o las tareas relacionadas con el trabajo.
Ejercicios de fortalecimiento: Enfocarse en el manguito rotador, los estabilizadores de la escápula y los músculos del hombro.
Técnica adecuada: Utilizar técnicas correctas al practicar deportes, levantar pesas y realizar actividades por encima de la cabeza.
Calentamiento: Realizar un calentamiento y estiramiento adecuados antes de las actividades.
Evitar el uso excesivo: Tomar descansos y evitar movimientos repetitivos por encima de la cabeza siempre que sea posible.